Las ventajas de dialogar
2 de Junio, 2013   |   Por: Gabriel M. Justiniano   |


Gran parte de los problemas de comunicación que padecemos las personas se deben a las formas habituales de pensar y que, a su vez, determinan efectos concretos en la forma de relacionarnos.

Por ello, dialogar es una ventaja que facilita la resolución de conflictos. Dialogar es una herramienta para comprender nuestro comportamiento, lo que puede generar y ser una instancia creativa de aprendizajes y cambios. Predisponernos a dialogar es estar gestando los pasos necesarios para resolver algunas de las dificultades que entorpecen nuestras relaciones.

La palabra diálogo tiene su raíz en la lengua griega. El prefijo "dia" nos indica: "separación, "a través de" o "entre"; y "logos" equivale a: "razón" o "expresión de la razón" (orden de las palabras, o de las cosas, o sus formas concretas). Por lo tanto, podríamos definir al diálogo como: "la razón y el significado implícito que se mueve a través de las palabras". Es una alternativa de comunicación que integra puntos de vista, visiones de la realidad que permiten descubrir el sentido que se mueve entre y a través de las personas. Este sentido común dentro de una comunidad forma parte de su cultura. El diálogo permite darnos cuenta de los efectos de la cultura en nuestros pensamientos, sentimientos y conclusiones de las personas o de la manera de ser de una comunidad.

La utilización del diálogo como alternativa para profundizar la comunicación e intentar resolver diferencias no es algo novedoso. Se lo practica desde hace mucho tiempo. En los Diálogos de Platón, en los estudios antropológicos de culturas indígenas, en ciertas prácticas de meditación oriental, en prácticas espirituales, en metodologías de negociación y mediación, etc. se encuentra las raíces históricas y culturales sobre el diálogo. David Bohm (1917-1992), reconocido físico teórico nacido en Estados Unidos, discípulo de Einstein y Oppenheimer sentó las bases de una técnica como una forma de profundizar la comunicación entre las personas. Él propone el uso del diálogo para alcanzar nuevos niveles de conciencia y, finalmente, una transformación de la conciencia colectiva. Según este autor la mayoría de los conflictos actuales no promueven una comunicación satisfactoria, y son provocados por las formas habituales de instrumentar el proceso del pensamiento.

Saber dialogar nos ayuda a crear un ambiente que fomenta la confianza y promueve la comunicación satisfactoria a través de una actitud de respeto y valorización de las deferentes posiciones. Nos permite encontrar niveles de comprensión superiores para la integración de posiciones divergentes y estimula el surgimiento de sentimientos compartidos y de participación, de bienestar individual y colectivo.

Pensemos que la forma habitual de comunicarnos durante un conflicto es la discusión. La intención que cada uno imprime en una discusión es, generalmente, la expresión de un punto de vista con el que se trata de convencer o persuadir al otro. Ahora bien, como los puntos de vista pueden diferir notablemente, este tipo de interacción a menudo conduce a rupturas relacionales, a fortalecer la posición individual y por ende a la polarización.

Dialogar promueve la suspensión, al menos transitoria, de la defensa de un punto de vista previamente determinado, de manera que se puedan desarrollar niveles más profundos de compresión acerca del conflicto en cuestión. En lugar de buscar quién tiene la razón o quién está equivocado, se procura descubrir el significado oculto detrás de las opiniones que se expresan. Así surge una perspectiva mayor que muestra un cuadro más amplio de la situación en lugar de fragmentarla, como sucede en una discusión. No se procura convencer a otros del propio punto de vista. La idea es dejar de expresarse a través de las manifestaciones corrientes, repetidas, de más de lo mismo, que han llevado el conflicto hasta ese punto. En principio dialogar informa y construye sin perseguir un resultado determinado. La relación humana genera muchos problemas. Problemas matrimoniales, familiares, vecinales, ambientales, comunales, sociales, políticos, económicos, internacionales, etc., y comúnmente el intento por resolverlos en un área, origina problemas en otra área. El proceso individual de pensamiento es limitado e incompleto. Y el hecho de que no registremos como opera ese proceso, hace más difícil ver su implicancia como causa de conflictos.

Dialogar es una alternativa para descubrir y corregir algunas incoherencias ocultas en la defensa de puntos de vista personales. El clima relacional instaurado permite aportar perspectivas individuales en un ambiente donde se eviten juicios, a fin de ampliar el entendimiento acerca de la situación a resolver. Justamente, frente a estas situaciones que los humanos necesitamos resolver, encontramos que dialogar nos facilita:

  • Crear un ambiente adecuado para comunicarnos satisfactoriamente
  • Ampliar nuestro sentido común
  • Dar lugar a la revisión de las propias ideas
  • Aprender
  • Plantear lo que se piensa
  • Descubrir y crear enfoques compartidos
  • Escuchar y comprender diferentes perspectivas
  • Explorar lo que significa pensar y aprender participativamente
  • Crear una base compartida de significados a través de la confianza lograda
  • Investigar los supuestos y sobreentendidos que subyacen en las posturas que se defienden

Nuestro punto de vista, efectivamente es la vista de un punto. Inténtelo.