Acerca de las conductas humanas
Publicado 14 de Septiembre, 2014   |   Por: Adriana N. Scapellato   |   17 de Junio, 2008


En los tiempos que corren, en los cuales la vida se ha ido complejizando, quizás sea necesario aplicar nuestro esfuerzo a la simplificación, no en un sentido de involución sino, por el contrario, como expresión de una síntesis.

Para ello tenemos teorías que nos ayudan a vernos como seres simples con posibilidades de plasmar ciertos valores (que, frente a lo complejo, parecen perdérsenos).

No es lo mismo privilegiar el individualismo que privilegiar los fenómenos relacionales. La visión de lo individual fue el paso previo, y seguramente necesario, a la visualización de lo relacional. Y a los efectos comunicacionales y de grados de satisfacción logrados en nuestras vidas, resulta diferente el punto al que arribamos si partimos privilegiando una situación o la otra (lo individual o lo relacional).

Cuando nos detenemos en la relación los parámetros observables son las conductas. Ahora bien: estas conductas son tantas como nos parece a simple vista?

Hay autores que las sintetizan en dos grandes grupos.

  • Conductas RESTRICTIVO – AGRESIVAS
  • Conductas DIFUSIVO – INTEGRADORAS

Si revisamos aquello que hacemos cotidianamente, veremos que una u otra forma de nuestras conductas entran dentro de dicha clasificación.

Cuando manifestamos conductas restrictivo – agresivas (formalidad excesiva, litigio, acritud, aspereza) las personas nos sentimos básicamente comunicadas en forma insatisfactoria.

Esto concretamente lo vivenciamos como experiencias de coartación y aislamiento, en definitiva creamos un clima adusto y nos sentimos inmersos en un contexto que resulta mortificador.

Cuando los humanos manifestamos conductas difusivo – integradoras (amistad, celebración, deleite, juego) nos sentimos básicamente comunicados de una manera satisfactoria. Esto lo vivenciamos en experiencias de optimización y expansión que implican certeza de estar siendo útiles, capaces e imprescindibles. Generamos así un clima festivo, un contexto vitalizador.

Tomar conciencia de que en un sentido generamos malestar (para nosotros y los otros) y que en otro sentido generamos bienestar, nos plantea el estar alertas a las conductas que proponemos y hacernos responsables de ellas.

Es decir la posibilidad de un cambio, aunque sea momentáneo (y probablemente acumulativo) está en nosotros. Y, sin embargo, la mayoría de las veces antes que plasmarlo en un cambio propio lo expresamos como un reclamo que hacemos a los demás.

Forma parte de nuestro crecimiento y evolución, inclusive como especie, reconocer estas situaciones para poder trabajar sobre ellas por nuestro bien y el bien común.