El desafío de la Comunicación Humana
2 de Junio, 2013   |   Por: Gabriel M. Justiniano   |


Aprender a utilizar recursos que nos ayuden a comunicarnos mejor, o sea, a relacionarnos satisfactoriamente, seguramente es uno de los desafíos que este nuevo siglo nos propone como seres humanos.

Lo aceptemos o no, estamos inmersos en este mundo; un mundo donde debemos reconocernos generadores y partícipes de sus conflictos; un mundo donde las dificultades relacionales ocupan el primer plano de las desavenencias humanas. Desde situaciones personales hasta conflictos entre grandes comunidades nos obligan, casi como una exigencia, a encontrar respuestas en nuestro interior.

Un mundo donde las caras del amor, lo participativo y lo bienhechor por un lado, y el odio, lo restrictivo y lo agresivo por el otro, se expresan alternativamente en la conducta de cada uno de nosotros. Comportamientos que, acorde a la situación, pueden llevarnos imprevisiblemente a la solidaridad más loable o a la crueldad más sorprendente. Por ello, privilegiar uno u otro de estos aspectos, al momento de estar comunicándonos, es solo cuestión de conciencia.

Ahora bien, son muchas las disciplinas que hablan de comunicación: de masas, medios, social, humana, etc. Son tantos los conceptos acerca de la comunicación que, a veces, hacen que se confunda a qué dominio de la misma se están refiriendo.

Tal vez aclararemos un poco más este concepto con la frase: Yo, le digo a usted, algo, en esta situación. Cada vez que nos comunicamos con alguien, no podemos escapar a dicho enunciado. La comunicación con otra persona ya está en juego.

Ubicados en este punto, observemos la forma en que nos comunicamos con los demás, todos pueden ser nuestro espejo: hijos, pareja, padres, amigos compañeros de trabajo, socios, vecinos, etc. Nuestras prioridades y propósitos quedan descubiertos por el solo hecho de vernos actuar.

Los otros nos revelan, la mayoría de las veces sin proponérselos, un poco más de quienes somos. Ellos ponen en evidencia nuestras conductas y nuestros puntos ciegos, aquellos de los que no nos damos cuenta y que, muy probablemente, cuando nos lo señalan no lo reconozcamos, nos defendamos, rechacemos y hasta peleemos por mantener nuestra imagen.

¿Pero qué es nuestra imagen?

Por un lado, pensamos que nuestra imagen es lo que creemos que somos, por otro, es lo que los demás creen que somos y, finalmente, lo que creemos que los demás creen que somos.

Complejo, pero: ¿qué sucede cuando estas visiones no son compartidas, cuándo el otro no coincide en la descripción que hacemos de nosotros mismos? Cuando estas imágenes entran en conflicto estamos, probablemente, ante el inicio de dificultades relacionales, de comunicaciones insatisfactorias y de divergencias.

A partir de allí podemos observarnos, o bien, intentando modificar, generalmente en beneficio propio, la conducta y la visión que tienen los otros de nosotros, o bien, aceptando a los demás tal como son y como nos ven. Podemos darnos cuenta de cual de nuestra conducta responde a intereses individuales y de cual nos predispone al acercamiento y la comprensión. Con la preponderancia de una u otra alternativa, estaremos contribuyendo a desenvolver, o no, el humanismo que representamos.

Por ello, este intento de aprender a comunicarnos mejor y de sentirnos responsables y participes de la vida que vivimos, nos ofrece la posibilidad de dejar de lado las quejas rutinarias, cotidianas, para buscar recursos que nos permitan ensayar nuevas propuestas de comunicación.

Tomemos este desafío como un potencial existente en todos, todos podemos trabajar para comunicarnos – relacionarnos mejor. Investigar acerca de cómo utilizamos nuestro lenguaje, tanto el verbal cómo el no verbal, para ensayar mejoras en el mismo, promoverá la salud individual y colectiva con la generación de climas relacionales satisfactorios.

Recordemos que nuestra existencia como seres humanos transcurre en buscarnos, reconocernos y sostenernos unos a otros y que, siempre, un congénere, al compartir nuestras conductas como humanas nos hace sentir semejantes.